2025
El año en el que dejé de escribir y cocinar.
El año pasado lo empecé convencida y afirmando que iba a ser un buen año, jamás en mi vida dije una estupidez mayor -y yo suelo decir muchas estupideces-.
Me encantaría acompañar esta entrada de una receta pero lo cierto es que este año solo he cocinado por trabajo, no escribí nada, no leí prácticamente nada, automaticé mis pasiones y le resté importancia a las victorias, lloré un total de 350 días (día arriba, día abajo) y mi tristeza y mal humor fueron muy difíciles de soportar.
Me lo tomé todo muy personal, comprendí que no todo el mundo te va a entender y que no pasa nada. Empecé un nuevo trabajo,encontré nuevas amistades y fortalecí otras. Salí en Vogue, el país apodó “cariñosamente” nuestras tartas como feístas -dios sabrá lo que eso significa-, aprendí a tocar la guitarra y sigo sin saber preparar un panettone.
No visité Nueva York, encontré paz en la aceptación, me revolqué en el dolor de la pérdida, me perdí tratando de conservar lo que ya no estaba y me volví completa y absolutamente loca.
Me acordé de todo, principalmente de aquello que más quería olvidar, reviví el duelo de hacía más de una década a través de nuevas pérdidas. Solté el futuro de un recuerdo que ya no me pertenecía.
No leí a Joan, Vivian u Ottesa pero sí pensé mucho en la frase de Nora “Above all, be the heroine of your life, not the victim”. Recordé lo que desgasta vivir en la tristeza y me convertí en mi peor versión -la de una persona que sobrevive en base al miedo, el enfado y la desconfianza-. Entendí el abandono.
No ha sido un buen año. Existe la teoría que defiende el sufrimiento como única medida para el aprendizaje y yo soy firme detractora de la misma. A lo largo de este año he dado paso a todo lo malo que me rodea, he dejado que mis problemas me he definan y me he creído que, por encima de lo bueno que tengo -sea mucho o sea poco- vence lo negativo. Hay que tener mucho cuidado con los actos y las palabras ajenas en la misma manera que se tiene con los propios.
Vuelvo a escribir porque creo en la posibilidad de cambiar las cosas, de volver a encontrar el ánimo de hacer aquello que me gusta y disfrutar de lo bueno que me pasa, vuelvo a escribir porque necesito salir del estado de supervivencia en el que yo misma me he metido, vuelvo a escribir porque me niego a creer que las experiencias te cambian hasta el punto de perder aquello de ti que te gustaba, vuelvo a escribir porque creo que siempre, siempre, siempre y siempre puedes volver a empezar.
Vuelvo a escribir porque solo yo me puedo salvar de mi misma. Feliz año, sea bueno o malo, volvemos.




